domingo, 29 de enero de 2012

el romanticismo ruso en época de pushkin

Los lametones que me hicieron abrir los ojos no eran caricias de un ejército de vírgenes sedientas. Otro domingo más Charlie, mi perro, me daba los buenos días a su manera. Despierta que me meo. Rutina dominical. Vaqueros, zapatillas, pelo alborotado y gafas de sol me acompañan hasta el kiosko de Alonso Martínez sorteando restos de botellón, meadas aún calientes y cagadas de todos los colores. En el Museo del Romanticismo el mismo daguerrotipo. Siete personas con pinta de insomnes aburridos haciendo cola y otras dos con cara de estacionarse allá dónde se topen con una fila. El motivo de la exposición, las cuchillas con las que se afeitaba Larra o que con la entrada regalen un phoskito, es lo de menos. Charlie, obvio, depositando su boñiga justo en medio. "Míralo, qué gracioso. Es Pancho" - y yo el archiduque de Habsburgo pienso para mí mientras me como una mandarina-. En Alonso Martínez, donde antes había un boulevard y ahora una explanada de granito y siempre algún náufrago de la noche anterior en medio de un océano de bordes de pizza y mahous vacías, aconteció el curioso incidente por el que me vi teletransportado en el tiempo. Todo fue muy rápido. A cambio de 2,50 € el kioskero me entregó un ejemplar de El País. Ojeé la portada y, sin darme cuenta estaba en 1992. No por esa foto de Rubalcaba y Felipe (ay qué boticas robóticas), no. El salto en el espacio-tiempo se produjo en el preciso instante (locución original) en que mis ojos se posaron (otra innovación literaria) en la foto del margen superior izquierdo. Serrat y...Sabina. Sí. Con su bombín y mirada "canallesca". 19(000) días y 500(000) noches después regresé al pasado. Mi reflejo en el cristal del Haagen-Dazs era de un McFly cualquiera, el periódico se había convertido en carpeta y caminaba sobre unas adidas campus al tiempo que Charlie se había transmutado en Cobi. Desandando el camino hacia casa me sorprendí al descubrir que donde a la ida estaba el Museo del Romanticismo ahora se anunciaba una exposición de Almodóvar y McNamara. "Scuola metafísica. De Chirico a la Movida, por el talón al alimón". Por extraño que pueda parecer lo único que permanecía inamovible eran los integrantes de la cola, los mismos siete insomnes (y los dos fans de las colas) que cuando hice el camino de ida veinte años después. Ya en casa, desayunando Magdalenas Martínez (el grunge era así) y pensando en asistir al concierto de Teenage Fan Club (y Nirvana) fue cuando ver a Charlie mordiendo un DVD de "Atrapado en el tiempo" que regalaba El País me hizo ver que no había salido del 2012. Caí en que lo de Sabina en portada del EPS no era una regresión en el tiempo sino una acción de sinergia empresarial del diario de Prisa para mantenernos a todos en el día de la marmota.

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