sábado, 5 de noviembre de 2011

Paciencia, mucha


IBE 0585 Madrid: Delayed. Delayed que es sustituido intermitentemente en la pantalla por “Retrasado”. No llevo ni diez minutos aquí y ya me han calado. Siete semanas, siete retrasos. La vista desde la terminal me entretiene. Montañas, árboles, nubes de todos los colores, un arco iris y todas esas cosas pintorescas que tanto enorgullecen a los gallegos. Como si ellos hubiesen sido los arquitectos del paisaje que les rodea y no el azar el que haya decidido que la cigüeña los depositara en este terruño en lugar de Tomelloso. O Volvogrado que todo es susceptible de empeorar. El altavoz nos informa que seremos embarcados dentro de dos horas. buuuuuuuuuuuu bala la masa. Gracias altavoz, ya todos los sentados a mi alrededor son conscientes de su nueva condición. All retarted. Alguno pide explicaciones indignado. Se agradece que no adopten el rollo asambleario con votación a mano alzada. La mayoría desenfunda los móviles para dar parte a quien quiera escuchar noticias sobre su encierro en el cotolengo de cristal. Prefiero jugar a imaginar qué rol tendría cada uno de ellos si nuestro vuelo fuese el Oceanic 815 y nos estrelláramos por ahí adelante. En Zamora por ejemplo. Lost&Retarted. Mayoría de hombres trajeados con portátil y trolley a cuestas, o sea, Jacks y Lockes, iluminados y convencidos de que la razón les asiste por derecho divino. Rubias anglosajonas de piel lechosa no hay, una cosa es un vuelo Sidney-Los Ángeles y otra un Vigo-Madrid. Por esa misma razón tampoco hay negros. Sí localizo unos cuantos Hugos, menos obesos pero todos poseedores de esa mirada pusilánime, presa fácil para los Jacks y Lockes. De parejas coreanas ni hablar pero a mi lado hay una de italianos que cotorrean sin parar; darían el pego si hacemos como que no les entendemos. Más complicado elegir quién hará el papel de torturador iraquí a no ser que le toque a ése que lee Público mientras con la otra mano sostiene La Gaceta. Si con esas lecturas no se inmuta parece buen candidato a electrocutar los escrotos de cualquiera que identifique como su enemigo. Faltan los secundarios, esos que mueren en cuanto el avión se parta en dos sin posibilidad de hilvanar más frases que unos gritos desesperados mientras ponen carasusto. Hay varios. La rubia que se considera un pivón y porta orgullosa bajo el codo la biografía de Mario Conde y un cinturón de CH con un corazón de emeraldas por hebilla. También la señora esa parecida a Maruja Torres que va en silla de ruedas, allá donde caigamos es evidente que no habrá rampas acondicionadas para su movilidad. En esa escena la acompñarían los dos escolares uniformados que no paran de gritar, la muerte de niños en el episodio piloto da un toque melodramático que siempre engancha a las mamás. No tengo claro qué hacer con las dos monjas que, estoicas ellas, están en primera posición para embarcar. Dejarlas vivir da posibilidad a que una descubra los placeres carnales ya sea con supervivientes o indígenas (aká zamoranos), por otro lado su fallecimiento durante el accidente sería una metáfora de que el que la sigue la consigue. También perecerían todos los dueños de iPad, al fin y al cabo no van a tener 3G allá donde reviente el avión y daría pereza ver a una manada de zombies sedienta de wifi. Sólo falta decidir quién hará de Ben, pero eso, como que los reyes magos no existen, ya se sabe.


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