miércoles, 17 de noviembre de 2010

Banderas de sangre


Leer periódicos en España provoca bulimia, se hace difícil leer más de dos páginas sin vomitar. Graban a un fulano diciendo que le ponen las jóvenes y salta la inquisición 2.0 promoviendo que le corten el rabo. Lo raro sería que dijera que le gustaría trincarse a De la Vega o a la Pajín. Pasas la página y encuentras el videojuego que hacen los del equipo azul promoviendo cargarse inmigrantes o a los del equipo rojo que hace dos días encabezaban la manifa prosaharaui disculpando ahora el comportamiento marroquí . Si consigues salir indemne de la Sección Nacional tienes premio, siempre hay un suceso que te hará sonreír como ese abuelo que fue a recoger al colegio a su nieto, se confunde de escuela y se lleva al niño equivocado, cosas que pasan. Como no todo van a ser desgracias las páginas de Economía me devuelven algo de esperanza. En menos de un año llegará el crack definitivo y seremos un protectorado alemán con lo que nuestros políticos no podrán hacer más que obedecer a la señorita Merkel. Son gente aburrida los alemanes pero para los dineros y las cosas serias casi mejor que la pachanga nacional.

El otro día cumplió 77 años mi tía Matusa, que no es alemana aunque el nombre lo parezca. Tras complicados cálculos aritméticos concluyo que nació en 1933, el mismo año en que Hitler fue elegido Canciller después de la mayoría obtenida por el Partido Nazi en las elecciones del año anterior. Leo estos días "Dictadores", el autor, Richard Overy, analiza las similitudes y diferencias entre Stalin y Hitler. Las páginas sobre el ruso procuro saltarlas, no me llama la atención el rollo comunista con su gama de grises, gulags, burocracia y planes quinquenales. Sí me interesa el periodo nazi previo a la guerra: cómo alcanzan el poder en una sociedad culta aunque humillada tras la derrota de la Primera Guerra Mundial liderados por un fanático del pangermanismo y de la raza aria aunque él mismo no cumpliera los estándares de la misma. Es alucinante (y da miedo) cómo a través de la propaganda consigue aunar a todo un pueblo en su delirio; el uso que hace del cine (Leni Riefenstahl), de las grandes obras arquitectónicas (Albert Speer) y del diseño iconográfico aplicado en cualquier aspecto de la vida cotidiana, la omnipresente cruz gamada, estandartes, desfiles multitudinarios, el diseño de los uniformes militares... Todo con el fin de anular al individuo en favor de la masa, un auténtico visionario.

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