jueves, 1 de julio de 2010

Pues eso

Ole. Orjullo jai. El barrio en fiestas, más bien Madrid. La Paloma o San Isidro son ya segundonas en el topfori de fiestas populares. El Orgullo tiene parecidos más que razonables con cualquier fiesta religiosa patronal. Las dos celebran su fe compartiendo gusto por el desfile, bien en procesión o carroza, mientras practican el cante coral, versión salmos o Killie Minogue. Ambas tienen sus líderes espirituales, Rouco o La Terremoto de Alcorcón, y, también, sus inquisidores, Torquemada o Zerolo. Eso sí, las fiestas patronales son festivas mientras que durante el Orgullo trabajan hasta los del metro y su lucha borrega. Como Stanley, supongo que cosas de respeto mal entendido, osea, correción política. Antes de que algún zeroliano o zeroliana (o bizerolo) me tache de homófobor, adelanto, condemor, que yo ni en contra ni a favor, vamos, me toca un pie. Como el curling o ser del hemisferio norte o sur. Me divierte sacar a mi perro, Charlie, pensando, mientras observo la fauna, que parecidos y distintos somos todos, cosas del ADN. Semejante pensamiento seudotrascendental se corta al sentir que camino sobre un mar de orina donde antes había aceras. Eso, mira por donde, no me gusta. Como tampoco despertarme a las cinco de la mañana por los gritos histéricos de una parejita, inmersa en un ataque de orgullo malo, haciéndome creer que estoy en medio de una peli de Almodóvar. Sí me gusta salir de casa a las siete de la mañana oliendo a Nenuco y ver los rescoldos de la noche con esos últimos borrachuzos que deambulan por las calles y pensar, por una vez en la vida, que bien que hoy trabajo. Además, es viernes.

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