martes, 15 de junio de 2010

Vidas raras

En una semana llegará el verano y sigue lloviendo en Madrid, a poco que siga así crecerá el musgo en los adoquines y se pondrá de moda ese básico de las noches de verano norteñas, el jersey al hombro. Cosas del calentamiento global. Esto lo solucionan los verdes con dos ideas bien pensadas y elaboradas. Y si no que les asesore ZP, Ministro de Deportes y paladín del bien contra la especulación salvaje de los neocons, neocatecumenales y malos malísimos del universo.

Mientras llega la caló hay Mundial para entretenerse con sus gradas coloridas y repletas de seguidores africanos bailando y sonriendo al ritmo de las vuvuzelas. El que no se divierte es porque no quiere. De postre la última temporada de Lost, anoche, después de ver un capítulo salí a la terraza. Mientras fumaba un cigarro observaba como me observaba el vecino de enfrente. Es un tipo curioso, uno de sus hits es salir a la ventana enrejada de su buhardilla y ver lo que hacemos en la nuestra. A Lady Mirinda le da reparo pensando en Benjamin Linus, a mí me entretiene jugar a imaginar quién es y a qué se dedica un personaje tan curioso. Entre semana salgo de casa a las siete de la mañana y veo como me ve desde su ventana mientras fuma un cigarro y da de comer a cuatro pobres canarios enjaulados. Hasta que anochece tiene las persianas bajadas, ergo está durmiendo o haciendo un ritual satánico (pobres canarios sacrificados). Cuando nos cruzamos por la calle paseando a nuestros perros nuestro hombre agarra al suyo y lo levanta abrazándolo no vaya a ser que Charlie, el mío, lo devore. Lo que tendría un pase de ser un Charlie un pitbull pero no es el caso. Llueva o truene siempre con gafas de sol y pantalones militares por Chueca. Esas vidas raras.

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