martes, 29 de junio de 2010

Los Martínez

Había una vez una hermosa mansión con diecisiete habitaciones que era compartida por los descendientes de una misma familia, todos primos entre sí (los Martínez). Durante mucho tiempo convivieron sin demasiados problemas, pero hace treinta años comienzan una serie de desavenencias. Todo empezó cuando los Martínez Garaiocoechea deciden que ellos no pagan la parte proporcional de la comunidad que les corresponde sino que pagaran lo que ellos crean conveniente porque con su dinero hacen lo que quieren. Después los Martínez Giralt i Oriol piden que su habitación tenga una puerta directa a la calle, ellos no tienen por qué usar la misma puerta común que los demás, tienen derecho a autodeterminarse en su habitación. Se les concede la puerta para evitar que se quejen y el resto de Martínez de la casa dicen que ellos tienen los mismos derechos por lo que cada habitación tiene su propia puerta. Después los Martínez Castelao se sienten agraviados, además del esperanto (idioma común a todos los Martínez) hablan entre ellos y muy de vez en cuando en urdú, por lo que solicitan que en las reuniones de la comunidad exista traducción simultanea al urdú y todos los servicios comunes del inmueble estén redactados, además de en esperanto, en urdú. Para evitar problemas el presidente de la comunidad lo permite. Poco después los Martínez de la Merced, orgullosos de su escudo familiar, piden que, junto al blasón original de los Martínez figure el suyo. Faltaría más. Concedido. Así la fachada tiene ahora dieciocho escudos que afean la misma. Pasado el tiempo el descontrol era tal que lo que era una hermosa mansión se convirtió en una horterada de bolera. Como los gastos para contentar a todos los descendientes fueron desmedidos ya no había dinero para arreglar los desperfectos por lo que el presidente de la comunidad (Martínez Pescador) no tuvo más remedio que hipotecar la casa al banco para pagar los gastos. Ahora todos los Martínez no son más que una familia empobrecida sin ninguna otra posibilidad que la supervivencia, eso sí, cada habitación con su singularidad, singularidad de la que se chotean (y aprovechan) sus vecinos: los Aschaffenburg, los Smith y los Tenailleau.

2 comentarios:

  1. Muy bueno Dandy Brandy!!!Tienes que sacar más provecho a ese talento innato (objetivo: el 2.55 de Lady Mirinda). I miss you LM. Carlotius Castelao

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  2. Hilarante el post, pero real como la vida misma.

    La casa se nos cae.

    Un abrazo Dandy Brandy.

    Salu2

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