domingo, 28 de marzo de 2010

Las dos son las tres

El tiempo pasa y con él muda nuestra piel, donde había pegamoides deambulan hoy pokeros. Hace un año plantaba marihuana; ayer compré doce petunias, sí petunias, para la terraza. Porque, y eso sí que no cambia, llega la primavera, las nubes se levantan, los pájaros cantan, las niñas sacan del armario las faldas y a las ocho todavía luce sol. Alegría. Puestos a pedir no se me ocurre otro antojo que tres millones de leuros para no hacer otra cosa que rascarme lo sobacos, unas veces rápido y otras más despacio. Mientras eso ocurre escucho a Matías Prats repetir ese bienintencionado eslogan de "precaución amigo conductor" que sumado a la visión de la tropa en las estaciones de servicio (antes conocidas como gasolineras) con los coches repletos de niños y maletas me reafirma en mi propósito de pasar la Semana Santa en casa. Madrid se vacía de sus inquilinos habituales que son sustituidos por parejas agarradas a un mapa en busca de no se sabe qué.

Hoy es Domingo de Ramos, paseando por el Retiro con Charlie Jalisco escuchaba de fondo un pasodoble y me reía de mi mismo al tiempo que añoraba cuando era un cani y mi mamá me obligaba a acompañarla a la procesión en Tuy detrás del cura, alcalde y demás fuerzas vivas. La inocencia de la infancia me lleva a la morriña aún sabiendo que el tiempo pasado nunca es mejor que el presente, pero la memoria, selectiva ella, suele jugarte malas pasadas. En fin, hoy y ahora, en la terraza al sol, con gintonics por medio, uno está feliz como una regaliz. Ayuda saber que mañana es lunes pero el miércoles será viernes.



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