martes, 16 de marzo de 2010

La fuga de Logan

Del invierno me gustan las lentejas, los Reyes Magos y enrollarme en el edredón. El resto me sobra. Uno estaba pensando en exiliarse resignado a Tombuctú ante el acoso de las tropas de la melancolía, a saber, frío, lluvia y cielo gris. Mientras llega el añorado calentamiento global hay que conformarse con la llegada de la primavera, ella sí, más factible. Como aperitivo ha dejado un fin de semana de sol y con él calles atestadas de rostros pálidos ávidos de algún rayo ultravioleta. Paseando por con mi perro y amigo Charlie Jalisco, alborozado por el cielo azul él también, llegamos al Retiro donde comprobamos que la afición por el Tai Chi gana adeptos en la capital de La Mancha, viéndolos practicar ese parsimonioso movimiento de extremidades me pregunto el por qué de la necesidad del chándal para su ejercicio. En cambio, los afroafricanos dedicados a la venta ambulante de hachís no usan vestimenta deportiva a pesar de que correr unos metros por delante de la policía de Madrid parece ser uno de sus actividades habituales. Incoherencias supongo, como ver a policías montando a caballo a pesar de no ser esto Canadá. Eso sí, a Charlie las cagadas de los equinos le saben a gloria celestial, como se relame el muy zanguango (© Bryson). Para gustos no hay colores según el dicho, al que añadiría que hay gustos mejores y peores como colores más o menos saltones. Poniendo un pie delante del otro llegamos hasta el Parque de la Audiencia donde Gallardón, nuestro entrañable alcalde, protagonizaba una escena muy bennyhillesca. Plantado en medio del parque, ataviado con una austriaca y sombrero vienés, trataba de ahuyentar a los perros que por allí merodeaban y que todos a una trataban de montar a su beagle Oli (mpiadas) como si ésta fuera la última cocacola del desierto. Nuestro Mayor viendo por un lado que sus movimientos espasmódicos no lograban su fin y por otro que Oli parecía disfrutar del acoso modificó su estrategia y optó por convencer a la jauría de perros mediante su voz apantuflada de la indecencia de semejante orgía "Oli, pero que les das?’" "chicos ya basta, es una señorita". Tras descubrir que los canes no son votantes y no le hacían el más mínimo caso desistió y se refugió en torno a un grupo de aduladores habituales. Cansado de reprimir la risa bajo una sonrisa meliflua no pude contener una carcajada al ver a su guardaespaldas abochornado con cara de qué he hecho yo para merecer esto.

Hoy luce el sol y la rutina se lleva mejor gracias al santoral que ha tenido a bien obsequiarnos con una semana corta y un fin de semana con un día de bbonus para hacer lo que más me gusta, nada de nada. Hablando de San José no puedo sacarme de la cabeza la pesadilla que me sobresaltó esta noche. Después de horas atascado en la carretera de Valencia conseguía llegar a la capital levantina. Una vez allí me invadía una sensación de agorafobia, calles repletas de falleras con ensaimadas en vez de orejas y mocetones abakalados gritando y lanzando petardos al son de Paquito el Chocolatero. Gritaba y nadie me escuchaba mientras corría y corría como Logan intentando dejar atrás esa utopía de felicidad compartida. Ya sin fuerzas lograba zafarme de esa muchedumbre sonriente y ruidosa, estaba solo en una explanada rodeado de gigantes ninots que ardían con rabia. Desfallecido por el esfuerzo me dejaba caer en el suelo, momento en el que un ninot con la cara de Chimo Bayo cobraba vida, me agarraba e izaba hasta su boca mientras me devoraba al son de uno que no pare ninguno, dos me los como de dos en dos, tres…ring ring raca raca..en ese momento el despertador me sacaba de la pesadilla, por una vez ir a trabajar era la mejor de las opciones posibles.

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