viernes, 12 de febrero de 2010

Filloas distorsionadas

Los heavies son gente entrañable, con los pijos, son la tribu a la que más cariño le tengo. Cada vez que paso por Gran Vía esquina Montera no puedo evitar fijarme en los dos jevis apostados en la puerta del Berskha. Pasan los días y ahí siguen haciendo luto a la extinta tienda de discos Madrid Rock mientras son objetivo de las fotos de los transeúntes. Forman parte del paisaje de la Gran Vía como los monos lo son de Gibraltar. El ayuntamiento debería subvencionarlos como hizo el gobierno sueco con Roger Tullgren al que la justicia reconoció su adicción al heavy como una enfermedad que le impide desempeñar un trabajo en condiciones normales. Lógico.

Hay tantas tribus como estereotipos: modernos, pijos, bakalas, gafapastas, góticos o raperos. Hasta unos que pululan por ahí constreñidos y se hacen llamar pokeros, a éstos no acabo de pillarlos, será la edad. Ninguno como los jevis, desde su origen son objetivo de todo tipo de chanzas pero, inasequibles al desaliento, ahí siguen con las manos cornudas al viento. Todas las demás tribus, excepto los pijos, van y vienen con las modas, sufren trasvases de una a otra o deserciones, no dejan de ser un disfraz en el que camuflarse. Los heavies no, desde que se enfundan su primera camiseta negra hasta que satán se los lleve a un infierno de alaridos y greñas serán fieles a su religión.

El calendario, como el algodón y el Niño Jesús, no engaña, cada siete días es viernes y una vez al año carnaval. Si además eres un oso amoroso, y no me refiero a los del Hot, premio doble, este fin de semana toca San Valentín. Como Lady Mirinda está de front row en NY la cena acaramelada de San Valentín la compartiré con Charlie Jalisco, mi perrito y de postre Richard Hawley en la Sala Heineken El carnaval también queda descartado de mis planes, disfrazarme de ensaimada y salir por ahí a bailar la conga como que no me llama, suficiente con travestirme de lunes a viernes de trabajador competente. El carnaval se va convirtiendo en una fiesta de disfraces sin más, un Halloween bis, dejando de lado su origen de fiesta pagana recuperada en la Edad Media por el cristianismo como antesala de la cuaresma y, por ello, días en los que reinaba la lujuria y la gula. Sin Lady M y con Charlie Jalisco como compañía no me queda otra que apostar por la gula, la zoofilia por el momento no está entre mis prioridades. Todo se andará.

1 comentario:

  1. creo que te has olvidado algo muy importante de las subespecies madrileñas:

    Emoland, más conocido en su día como plaza de españa, punto turístico por excelencia que no se debe evitar si se quiere contemplar, una jauría de emos aun no desvirgados, presa de las hormonas y de los altibajos de serotonina. Gritos, llantos y entretanto buen rollito.

    Horario de otoño-primavera-invierno: viernes y sábado desde las 17.00 a las 21.30 (recuerden que hay clase)

    Horario de verano: todos los días de 17 a 22

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