jueves, 28 de enero de 2010

Ravenous

Cancerígeno maleducado. Esto me han llamado a las 7.30 de la mañana sin tiempo de limpiarme las legañas mientras desayunaba. Todo por no atender a la petición de otra clienta del bar de apagar mi cigarro. Como está permitido fumar, al menos por el momento, no lo hice. Más que nada porque no soporto a tanto intransigente disfrazado de salvador de la humanidad que pulula por ahí. Quizás si lo hubiese pedido con un poco de educación, sólo un poquito, lo habría hecho. Pero eso de la educación y las buenas maneras no está muy bien visto en la España de Andrea cómete el pollo. Esta buena señora habrá visto en el Telediario de Antena 3, entre una noticia del tiempo en Benicarló y otra de un árbol caído en Manzanares del Real, a la ministra de Sanidad comentando que se prohibirá fumar en todo local público y, venga, vamos a ir por ahí disfrazado de Torquemada afeando a todo el que ose encender un cigarro, que es malo malísimo como Darth Vader y además da cáncer. Si ya lo sabemos, pero es necesario repetirlo en todo momento?

Intransigentes hay muchos, chiflados menos. Hace unos días vi un documental sobre Armin Meiwes, el Caníbal de Rotemburgo, que se hizo famoso cuando lo detuvieron en el 2003 acusado de comerse a una persona que conoció a través del chat. Más o menos esto es todo lo que recordaba del caso. Cuando surgen este tipo de sucesos nos solemos quedar con los titulares que ya de por si son bastante escandalosos. La realidad de lo ocurrido vista con el transcurso del tiempo y el conocimiento de los detalles suele ser aún más escabrosa. La historia es la siguiente.

Armin Meiwes, el caníbal, tuvo una infancia solitaria sobreprotegido por una madre que no le permitía el contacto con el resto de niños, de ahí fue surgiendo en su mente la fantasía de tener un hermano con el que compartir experiencias hasta que floreció el deseo de comer a otra persona para “llevarla siempre con él”. Estuvo en el ejército alemán y cuando lo dejó se convirtió en técnico informático llevando una vida de lo más normal, al menos de cara al mundo exterior. Su fantasía de comerse a otra persona seguía en su mente y por las noches en su casa chateaba buscando un voluntario que se ofreciera a ser comido. Si lo de comerse a otro suena raro, prestarse voluntario es para hacérselo ver. Hasta que encontró a Bern Brandes, un ingeniero berlinés, gay con traumas infantiles, que deseaba ver como le cortaban el pene y de paso disfrutar con la mutilación. Hay que tener el tornillo bastante suelto para tener ese sueño. Se conocen y quedan en la casa de Armin. Primer problema, Armin quiere comer carne humana pero no había previsto que antes debía matarlo…si es que las cosas hay que pensarlas bien. Y aquí empieza el festival, se desnudan y tienen sexo pero rápido y mal. Tenían la cabeza en comer y ser comido. Lógico. Bern Brandes se tumba y ruega a Armin que le rebane el pene para llegar al orgasmo máximo, éste lo hace con más complicaciones de las esperadas mientras el ya eunuco grita de dolor y excitación al ver un chorro de sangre “como una fuente” donde antes tenía su miembro. Pasado el griterío deciden comerse el pene, para lo que Armin va a la cocina, lo parte en dos, lo sazona con pimienta, sal y ajo y lo fríe, pero se había convertido en un pellejo duro e incomestible. Como Armin no es capaz de matar a Bern deciden que lo mejor es meterlo en la bañera y dejarlo desangrar, lo que al sacrificado le parece bien. Mientras uno se muere, el otro, para hacer tiempo decide ir al salón y ver una película de…Stark Trek. Ahora entiendo mi desconfianza hacia los seguidores de Spock. Tras diez horas desangrándose, Bern muere y Arwin lo trocea en la cocina guardando los restos en el congelador para ir comiéndoselo poco a poco con patatas fritas de guarnición. Todo lo ocurrido esa noche fue grabado por Armin y visionado durante el juicio donde la mayor parte del jurado vomitó viendo el festín y alguno necesitó de ayuda psicológica para olvidar lo visto. Si es que la gente se marea por nada.

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