lunes, 21 de diciembre de 2009

goog things come to those who...wait

Madrid ha amanecido cubierta de farlopa y claro, pasa lo que pasa, coches accidentados, sirenas y ambulancias correteando por las carreteras. Es curioso como la nieve ayuda a socializar en el trabajo, la gente va llegando y narra entre eufórica y envalentonada su odiseas particular después de sobrevivir a 3 centímetros de nieve. Heroico. El alemán que trabaja con nosotros, más acostumbrado a la nieve, observa el panorama con cara de I don’t understand, cara que torna hacia la sonrisa sardónica cuando ve como la mayoría de sus compañeros se arremolinan alrededor de la ventana para ver la nieve. Prefiero quedarme en mi sitio y echar un vistazo a los periódicos, si al menos llovieran almóndigas

Ayer vi Avatar, las condiciones no eran óptimas. La noche del sábado apenas dormí un par de horas gracias a dos jóvenes bolleras que celebraron una multitudinaria fiesta de la tortilla en el piso contiguo al mío. Si el próximo fin de semana repiten sarao no tendré más remedio que derribar su puerta disfrazado de William Wallace y levantarme la falda blandiendo mi pene para ahuyentarlas. Avisadas estáis.

Por si faltaba algo el domingo por la mañana Lady Mirinda y yo protagonizamos una adaptación doméstica de La Guerra de los Rose que finalizó como es habitual en estos casos: mal y en silencio. Como había comprado las entradas por internet decidimos ir al cine. Eso sí, en plan procesión de Semana Santa, paso marcial, callados y con gesto adusto. No suelo ir demasiado al cine, prefiero ver las películas en casa donde puedo fumar, beber un espirituoso y estirarme en el sillón sin desear cortar el cuello del que come palomitas en la butaca contigua a la mía. ¿Por qué la gente sólo toma palomitas en el cine? Misterio irresoluble, como el de la Santísima Trinidad.

Ya repantigado en mi butaca tuve mi momento Mr.Bean, la película era en 3D y claro, hay que ponerse unas gafas. Nada complicado si eres capaz de caminar y masticar chicle al mismo tiempo. Algo más absurdo cuando uno ya usa gafas ponerse unas sobre otras. La película pues muy divertida, espectacular y todo eso. Tiene su gracia, cada vez que aparecía el avatar de Jake Sully, el prota, yo veía al Pipita Higuaín, un parecido más que razonable. Entre eso y el 3D dudaba si estaba en los cines Ideal o en el Bernabeu ahora que Florentino y Valdano prometen superproducciones.

Volviendo a casa atravesé Sol y me pregunté lo mismo que me pregunto cada vez que paso por el Km 0. ¿Qué carallo hace toda esa gente ahí? Ya en casa otra nueva interrogación me asaltó, será Charlie Jalisco mi avatar y no mi perro? O, seré yo su avatar?


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