jueves, 26 de noviembre de 2009

Lluvia al fin

Uno de los aspectos positivos de trabajar en RRHH es ser visto por tus compañeros como el enemigo. Perfecto, nada de socializar ni escuchar a Inés hablando de los gases de su bebé, a Teodoro que se va al pueblo este finde a plantar albaricoques y sobre todo obviar las discusiones de fútbol en las que tres forofos repiten los titulares del Marca y el forofo del Atleti, siempre hay uno, creyéndose William Wallace habla de los poderosos como ZP del capitalismo, vamos, sin saber por donde sale el sol. Astro rey que por primera vez en meses no se ve en Madrid, un poco de nubes y lluvia vienen bien, si además eres de los que han decidido suicidarse hoy, el tiempo acompaña.

Ayer después de otro partido lamentable del Madrid vi en LaOtra “Las noches blancas”, el programa de libros presentado por F. Sánchez Dragó, ese hombre yoyó que cada siete palabras utiliza la primera persona del pronombre personal. Su programa me gusta, gente hablando de todo un poco y, aunque parezca icreible, parece que saben de kos que hablan. Uno de los invitados de ayer era Roger Wolfe, escritor total, inglés y residente en España desde su infancia.


El Extranjero (Roger Wolfe)

Me asomo a la terraza.
Una mujer se arregla el pelo
delante de un espejo
en el edificio de enfrente
de mi casa.
Estaba leyendo
a Dostoyevski. Cierro el libro,
lo dejo encima de la mesa,
me siento y abro
otra cerveza. Qué aburrido,
Dostoyevski, la cerveza,
las mujeres, los libros,
los espejos. Qué aburrido
sentarse y esperar la muerte
mientras la gente fornica,
come, trabaja o se solaza
bajo el sol sucio de septiembre,
y uno sabe, positivamente,
que nada va a ocurrir.


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