lunes, 5 de octubre de 2009

Después de todo, nada importa

De nuevo lunes. De nuevo mal partido del Madrid y efecto deja vu. Recorrer en coche la ciudad a las siete de la mañana da una sensación de irrealidad. Las calles vacías, silencio y oscuridad. En los semáforos observo a través del cristal a los demás conductores, como yo, fantasmas vagando en la noche como personajes de Murakami. Podría se cualquier ciudad pero las zanjas y cagadas de perro te ubican en Madrid. También los travelos de la calle Almagro esperando un último cliente.

Aparco el coche y el aire fresco me devuelve a la realidad, es lunes y vuelvo el matrix laboral. Antes toca desayunar, me gusta esa media hora de café, croissant y periódico. Pagar y al ascensor. ¿Por qué en el ascensor ponemos cara de póker? ¿por qué siempre un desconocido tiene que hacer un comentario simpaticote? ¿por qué no hay hilo musical con una marcha fúnebre? ¿o espejos de esos que deforman la realidad?

Pulsar Ctrl+Alt+Supr, introducir la clave y a procesar que son dos días.

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