viernes, 30 de octubre de 2009

Y medio limón


Viernes 20.00 horas

Justo en el momento en que me dispongo a descorchar un mencía celebrando el freeday suena el timbre de la puerta. Sólo podía ser ella, la vecina del 3º. Y no, no es una Jane Birkin castiza pidiendo azúcar. Puede que lo haya sido...hace medio siglo. Se llama Carmen, ronda los ochenta y en cuanto traspasa el umbral de la puerta sabes que los siguientes veinte minutos serán interminables. Te arrepentirás de abrir la puerta obligado por la fuerza de la educación y compasión para con los mayores. Como un rodaja de pan bimbo en la tostadora, Carmen encajaría a la perfección en el reparto de La Comunidad con Terele Pávez, escalera arriba y abajo. Abres, saludas con la mejor de tus sonrisas y aguantas estoicamente una tras otra todas sus reclamaciones contra el presidente de la comunidad y el administrador que no sabes ni te importa quienes son porque estás alquilado. Las meadas del contenedor, las bombillas fundidas, las cagadas del perro del vecino de enfrente, las botellas, vasos y potas mañaneras, lo que paga de comunidad...todo un torbellino quejumbroso. Tiene toda la razón y sólo una solución. En su lugar vendería mi casa y me mudaría a un nuevo hogar. Ella puede. Tiene una casa de 180 metros cuadrados en la calle San Lorenzo, centro de Madrid, ocupa las dos únicas estancias que no ofrecen un aspecto ruinoso. Valor, millón y medio de leuros aprox. De sobra para una nueva casa en cualquier parte del litoral, con vistas al mar y una asistenta que me cuide hasta ser pasto de los crisantemos del campo santo.


Sábado 17:00 horas

Ojeo en La2 un partido en la Premier League, los entrenadores portan en la solapa una flor de amapola, gugleo por curiosidad y me entero que es en memoria de los caídos en la 1ª Guerra Mundial. La amapola fue la primera flor en crecer en los campos de Flandes finalizada la contienda donde varios miles de soldados perdieron la vida y en su recuerdo la lucen el domingo más cercano al 11 de noviembre, fecha en que fue declarada la paz. Me gusta, un país sin memoria está condenado a repetir la historia otra vez, al fracaso. En fin, aún tengo medio limón, nuevo gin tonic y partido del Madrid.

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