sábado, 26 de septiembre de 2009

Fútbol y fado



Temporada nueva, vicios antiguos. He recaído en el fútbol. Llevaba desenganchado un lustro con alguna bajón ocasional, la España campeona d'Uropa por ejemplo. Mi metadona fue un combinado de varios fármacos. El principal el juego vulgar del madriz los últimos años. También perder el tiempo mientras desayuno ojeando el Marca con el café en una mano y el croissant en la otra. Que decir de las impagables noticias deportivas de los informativos de Antena 3. Y, lo reconozco, el equipo que juega como los ángeles es ese que es mes que un club y que a a mi me produce urticaria. Pero esta temporada la pelea entre las huestes polacas y manchegas se presenta como un duelo a muerte en OK Corral. A eso súmale mi falta de autocontrol y el postre está servido. Goles son amores y abonado a Digital + que lo de bajar al bar es de valientes.

Como el madriz sólo juega dos horas a la semana aprovecho para zapear sin pulsar el botón de las cadenas generalistas. Tema complicado si te gusta el sainete. En A3 anuncian un nuevo programa de telerrealidad, Curso de 1964, donde a unos adolescentes del 2009 les internan en un colegio como en el que estuvieron sus papis. En el anuncio aparece un bakalilla sureño que pasados unos días suelta pesaroso "esta vida está bien cuando la imaginas para tus padres pero vivirla es una puta mierda". Mientras, en Cuatro, siguen a lo suyo, callejeando. Estos programas producen el mismo efecto que una misa a mis tías abuelas, reconfortándote al pensar que otros están peor, ya sean los desnutridos somalíes o los yonkis de las Barranquillas.

En algún canal de documentales vi un reportaje sobre un joven escritor portugués que me llamó la atención, sólo por lo de portugués. Desde la ventana de la casa donde crecí veía Portugal a la misma distancia que ahora veo el reloj del edificio de Telefónica en la Gran Vía. Por lo que es comprensible que los portugueses o tonecas como los llaman por allí despierten mi curiosidad. Son gente pintoresca, tristes y melancólicos como el fado. El escritor se llama Jose Luis Peixoto, es del Alentejo, la Extremadura portuguesa, del 74, con piercings y tattoos. Me fascinó. Como también lo hizo una historia que narra en uno de sus libros, la de Francisco Lázaro, carpintero lisboeta y corredor de la maratón en las Olimpiadas de Estocolmo de 1912. En esos años el deporte era cosa de aristócratas, él era el ídolo del pueblo. Carpintero analfabeto que se entrenaba por las calles de Lisboa corriendo entre tranvías, burros y carros. Llegó a a Estocolmo como favorito, todo Portugal escuchaba la carrera por la radio. A 30 kilómetros de la meta cae al suelo desplomado y fallece, momento en el que nace su hija en Lisboa. Murió porque se untó por todo el cuerpo una grasa para evitar sudar y así no parar a beber. Al no transpirar sufrió un colpaso. Como no había dinero para repatriar su cadáver el Rey de Suecia organizó una cuestación para sufragar los gastos de su repatriación.

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