lunes, 24 de agosto de 2009

Lunes


Tras una semana en el trabajo nada cambia. La misma sensación de dejá vu que antes de las vacaciones. Apatía, rutina y hastío a partes iguales. El despertador del móvil me saca de algún dulce sueño avisando que el día de la marmota ha vuelto. A velocidad express ducha, lavado de dientes y vestirme el uniforme, igualito que cuando iba al cole. Una carrera por Madrid hasta el Campo de las Naciones, es de lo más divertido gracias al Plan E, vallas, tierra y calles cortadas. No disfrutaba tanto conduciendo desde el World Rally Car en la Play. Gracias ZP. Aparco la máquina y dejo las neuronas dentro, ya las recogeré pasadas las ocho horas de penitencia.
Saludas con un “buenos días con alegría, ya casi es viernes”, por eso de motivar a la gente. En el Master de RRHH comentaban la importancia de la motivación al grupo, no se me ocurre nada más alentador que decir. Mientras arranca el PC escuchas de fondo las conversaciones de tus compis, la mayoría parece que hasta se divierten trabajando o comentando la serie de Tele 5 de ayer.
Una vez abierto el correo y comprobado que nada hay urgente (nunca lo hay), abro el explorador y una hoja de Word para hacer mi resumen de prensa. Paso por El País, El Mundo, ABC, Periodista Digital, Libertad Digital, Marca y As cortando y copiando todo lo que me pueda sacar del sopor matutino. Le añado las entradas de mis blogs favoritos (Rafa Reig, David Torres, Popy Blasco, Horacio Vázquez Rial, Félix de Azua,…) más alguna entrevista digital y tengo 30 hojas en Word con las que entretenerme. Para acabar entro en la previsión meteorológica por eso de pasar el rato, el tiempo ya lo se, mucho calor en Madrid, capital de la Mancha. Bajar a la calle, fumar un cigarro, coger una botella de agua, pasar por el WC y sentarme a “trabajar”. Al menos ya ha pasado una hora y media entre una cosa y la otra. Sólo restan otras seis horas y media. Es, para mí, el momento más duro. Toca teclear y sobre todo, en mi calidad de RRHH escuchar y soportar a los humanoides que me rodean y sus historias para no dormir. Es cuando más me alegro de haber dejado el cerebro reposando en el coche, te permite no pensar demasiadas veces que balls haces de tu vida y sentirte un poco cyborg. Actuar sin pensar ni sentir. Todo da igual, haz lo que tengas que hacer, da igual que sea una entrevista, un informe o un despido. Soy un robot que escucha órdenes y cumple. Manoleitor. Tic tac, tic tac. Alegría, es hora de pirar. Subo al coche, recojo las neuronas, saco el disfraz de DandyBrandy y sonrío. Otro maravilloso día por delante del que disfrutar.

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