lunes, 24 de agosto de 2009

Jolideis

Se acaba mi semana de vacaciones en Galicia, Nigrán exactamente, en la casita de mis papis que es donde mejor se está. Podría vivir el resto de mi vida, y la siguiente, así, sin hacer nada. Nada de nada. Despertarme y bajar a la playa a desayunar con un periódico y Charlie Jalisco (mi perro, pero él merece, sino un blog, una entrada aparte). Dejar al canino en la casa, y volver a la playa equipado con un paquete de Lucky, botella de agua y gafas de sol. ¿A qué playa? A Playa América, que, para los que no la conozcáis es como la playa de Verano Azul, muy ochentero familiar. Niños haciendo castillos, parejas enamoradas jugando a las palas, celulitis, abuelas con nietos y orensanos con empanadas. Muy postmoderna. Es mi playa preferida. Todo lo contrario de la playa que a vosotros os gusta. Cuerpos esculturales, Ray Bareto de hilo musical, gafas de Dolcce y Gabanna, haimas, toples y kitesurf. Me aburren, demasiada pose.
Tras el aperitivo de rigor, cuatro tercios de Mahou leyendo el Marca, semistostado por el sol y la cebada, comida de mami y siesta. Abrir el ojo, fumar un cigarro con una Coca Cola para despertar y después eructar. De cabeza a la piscina y tumbing al sol.

Anochece y con la luna llega la vida social. Si por mi fuera descorcharía un botella de tinto y la dejaría correr hasta caer en la cama. Pero, como de pequeño me dijeron que somos animales sociales a los que el contacto con otros miembros de la misma especie nos sienta bien, pues vas y quedas con algún amigo. Es parecido al aperitivo, sólo que cambias las cervezas y leer el Marca por una botella de vino y hablar de los que leíste en el Marca. De postre licor café y vuelta a dormir. Esta es mi vida social, pero, la Rías Bajas y Galicia Calidade ofrecen otras muchas actividades lúdicoveraniegas.
Las más recomendables desde un punto de vista antroplógico son “A festa das delicias do porco en Couso” y “A festa da Prehistoria de Mos”. En Galicia es que somos muy festerogaiteros. Y si, habéis leído bien, fiesta troglodita. Donde vivo, Chueca y alrededores, se ufanan de modernos, en Galicia, de donde soy, de enxebres. Otras dos Españas. Romanticismo granjero último modelo versus modelneo casposo demodé . El domingo por la mañana te vistes de Conan, recoges a tu churri vestida de Xenna, pillas el Citroen y subes a un monte a beber un vino horroroso escanciándolo desde un barril sobre tu boca y estilismo troglo. Todo acompañado de gritos y berreos al son de tambores y gaitas. Muy emotivo y conmovedor.



Si os va más el rollito gastronómico tan in , ya sabéis, Galicia es un buen destino, mejor en la temporada de otoño/invierno con sus centollas y no la estival que con tanto pulpo congelado, pimiento de no-Padrón y calamar se os queda cara de cefalópodo. Así que salir de la playa, adentraros sólo un poco en el interior. A Couso por ejemplo y su “Festa das delicias do porco (cerdo)”. Delicias que no son el jamón ibérico, no. Costillares kilométricos, chorizo ó inferno, criollos aderezado con sasla pirri pirri y todo regado con ribeiro a la sombra de los pinos.

Pues eso, mis semana al dolce far niente se desliza hacia el fin. Quedan tres días y mañana llega Lady Mirinda que es lo único que faltaba para la japinés.


Playtrak: Campillo Reserva Especial 2001, jamón ibérico y licor café.

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